Una situación similar vivió Ignacio Rodríguez. Este mecánico de profesión contrató en un centro comercial una de estas tarjetas desconociendo las consecuencias reales que le acarrearía. «Al principio, casi no la utilizaba, pero con la crisis, me despidieron del trabajo. No llegaba a fin de mes. Con un hijo a mi cargo, mi única solución era utilizarla», asegura. Cuando por fin consiguió encontrar un empleo, explica, quiso pagar y amortizar toda la deuda de golpe, pero le fue imposible. «Sólo me permitían abonar como máximo 500 euros al mes, lo que me generaba nuevos intereses y provocaba un ‘‘efecto bola de nieve’’, en el que la deuda no hacia más que crecer», relata. En concreto, el afectado había dispuesto de la tarjeta «revolving» de un total de 14.172,21 euros. Sin embargo, habiendo ya devuelto 11.875,76 euros, aún le quedaban pendientes otros 8.227.
 
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